martes, 26 de julio de 2011
Explosión de sentidos
La llama de guerra tiende a prender, un sonido perturbador despierta mis sentidos, cuando no puedes hacer más que lanzar al aire un aullido de impotencia como un perro que ha perdido a su dueño.
Los tambores retumban sin cesar en un mar de incongruencias dando pie a un comienzo de ideas que surgen al tocarte el cuello mientras meditas sobre tus problemas mirando a la gente pasear bajo tus pies en lo alto de tu balcón.
Te pones en posición amenazante y gritas de forma desesperada hacia adentro, guardándote tus mayores secretos, tuyos, propios y afines a tu persona.
Una mirada penetrante a tu único yo, haciendo una muy subjetiva autocrítica, te hace comprender quien eres.
Cierras los ojos y da comienzo tu propia batalla.
Pensamientos que sin cesar inundan tu cabeza haciendo levantar tu vista para mirar al cielo despejado con bello sol.
Analizas todo y sostienes tus armas, creando un ambiente tenso y pseudoimaginario.
Acaricias tu vida con tus manos desnudas, la sostienes y rápidamente te viene un suspiro que sueltas de tu garganta como si quisieras decir algo más, ¿qué hacer? .
Entonces apagas tu grito y ves como cae ceniza sobre tu cabello y el cielo torna gris y triste, solapando la luz que iluminaba.
Sacas dientes y ruges con mil millones de ideas juntas que crean un conflicto desmesurado, haciendo reales a las peores guerras.
Te das cuenta de tu esencia humana y piensas entre sus múltiples existencias creando un destino afín a ella.
Es aquí donde entra esa decisión que todo el mundo espera y esas otras muchas decisiones que te caracterizan.
Arde tu propio código personal en las nubes, volviéndolas a abrir, pudiendo ver el cielo de nuevo y visualizando todo de forma más clara y precisa, dando un final a la música resonante y haciéndote despertar para seguir adelante.
Entonces es cuando abres tus ojos y termina tu mundo privado, comenzando a ver el mundo real, donde todo va mucho mas allá de simples planes que caen en forma de meteoritos sin cesar, donde todo corre, donde el viento sopla con fuerza brindándote tu hueco que agrandar, para ser eso, una persona más en un caos de ceniza.
La tormenta amaina, el tiempo corre y tú, corres con él.
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